¿Saben las hojas que el otoño dora

cuando, prendidas en las ramas, esperan

las cuchilladas de los vientos, saben

que siguen siendo bellas?

En el sudario de ceniza envuelto,

¿sabe el tibio rescoldo de la hoguera

que un leve aliento puede todavía

enrojecer su lengua?

¿Sabe el labrado capitel que alzaba

sobre el erguido mármol su soberbia

que en medio del escombro derribado

aún nos grita su piedra?

¿Y sabe el corazón de quien recorre

los estadios finales de la senda

que el desigual latido de su sangre

es canto aún de promesas?


Manuscrito. Sin fecha.